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Miguel Ángel Arjona nuestro presente

Miguel Ángel Arjona nuestro presente. Conoce la realidad actual de la Semana Santa de Córdoba. Y es que cualquier cofrade que conozca la Semana Santa de Córdoba puede decir, con total seguridad que, culturalmente, ha tenido un “boom” muy reciente que comienza en los últimos años del primer tercio del siglo XX.

A raíz de este primer avance, suceden en las siguientes décadas grandes evoluciones tanto estéticas como sociales ya que, poco a poco, crece el sentimiento cofrade en nuestra ciudad.

Uno de los culpables de que nuestra capital tome tal repercusión es Miguel Ángel Arjona que tendrá un importante papel a finales de siglo y principios del XXI.

Con tan sólo 14 años, M. Ángel Arjona forma parte del taller de Antonio Castillo Ariza, el mismo que “casi” obligará al artista a matricularse en la Escuela de Artes y Oficios donde coincidirá con el afamado maestro, Amadeo Ruiz Olmos. Posteriormente será galardonado con el primer Premio Nacional de Escultura para el que el joven artista realizó la cabeza de San Juan Apóstol labrada sobre mármol. Y poco a poco, empezará a relucir su labor artística y a consolidarse en su profesión. Para eso, se instala en la calle Rey Heredia lugar en el que acometerá las restauraciones y obras de mayor prestigio de su carrera.

Miguel Ángel Arjona falleció el 11 de agosto de 2012 dejando una impecable trayectoria, al igual, que un sin fin de obras.

En reconocimiento a toda una vida de trabajo, la Parroquia de la Trinidad tuvo hasta el día 4 de noviembre una exposición en su memoria, en el museo de dicha Parroquia, teniendo su entrada por la calle Tejón y Marín.

En dicha exposición se podía observar la añoranza, el buen hacer y el sentimiento cofrade, valores todos que siempre ha tenido muy presente el escultor, sin pasar desapercibida su gran visión como diseñador, el peculiar cuidado en la metodología de restauración de imágenes de gran devoción o su afán por la pintura en la técnica de la acuarela.

La mayor atracción

 

La verdad sea dicha, hay que reconocer que la obra más atrayente ha sido la del ángel, una imagen de carácter secundario que fue terminada en el año 1983 y que, en primer lugar, procesionó con la Hermandad de la Oración en el Huerto de la ciudad de San Rafael hasta el año 2004. Dicha imagen, se venderá en enero de 2005 a la Hermandad omónima de la localidad de Palma del Río.

Se trata de una talla labrada en madera de Flandes dentro de los cánones de época clásica y decorada con la técnica del estofado.

 

Cuando restauró su corazón

 

Miguel Angel, dividía su corazón en dos claras devociones, el Santísimo Cristo de Gracia y Nuestra Señora de la Sierra de la localidad de Cabra, ambas imágenes eran los motivos de sus rezos diarios y para ambas fue “el médico que las curó”.

 

La Virgen de la Sierra.

El mal estado en el que se encontraba la famosa devoción de la Sierra fue lo que determinó aquella restauración que preocupaba tanto a la población egabrense y a la cuantiosa masa devota de la singular imagen. Aquella restauración era tan importante, que se habilitó una sala anexa a la misma ermita para que pudiera trabajar el maestro Arjona. Para ello, realizó una mesa en la que sólo permanecería la Virgen y donde siempre tendría flores. Además, las astillas que iban cayendo cuando se restauró, Miguel Ángel las fue guardando en sobres pequeños que entregó a los devotos posteriormente en el besamanos.

 

El deterioro era muy agresivo, tanto que el artesonado conjunto a la peana que sostenía a la talla, lo retiró sin herramientas, sólo con sus propias manos.

Fueron meses intensos, de trabajo incansable hasta que la Virgen quedó totalmente saneada. Durante ese tiempo, Miguel contempló la posibilidad de esbozar un dibujo en el que se mostrara cómo pudo haber sido la hechura de la Virgen de la Sierra en su creación: Una imagen de estilo románico.

 

Santísimo Cristo de Gracia.

Otra de las restauraciones importantes para él, fue la del Cristo, popularmente conocido, como el “Esperraguero”.

Bien se sabe, que la barriada del Alpargate era muy querida para Miguel Ángel, por lo que, no hubo mejores manos que las suyas para tocar el alma de Córdoba. Una restauración difícil a la altura de un buen maestro como Arjona. La complejidad estaba, además de en el tiempo, en el material: masa de caña era lo que se utilizó cuatro siglos atrás. Una hechura proviniente de la ciudad de Puebla de los Ángeles, en el Virreinato de la Nueva España.

Tanto el tiempo como el estado de conservación de cuatro siglos crearon una diversidad de lagunas dañando una gran parte de la fisonomía de esta imponente talla.

Para tal restauración Arjona, tuvo que abrir la imagen entera como nos explica en un artículo que él mismo redacta. 

 

Una visión única.

Miguel Ángel Arjona, además de un gran escultor y restaurador fue también diseñador con un sello propio que caló en la ciudad de Córdoba, aunque hubo algunos proyectos que no vieron la luz, como por ejemplo el Paso de la Coronacion de Espinas para la Hermandad de la Estrella, Titular que se encuentra en la Parroquia de la Trinidad a comienzos de esta Cofradía. 

 

Donde mejor se puede observar es en el cortejo y Paso de su Hermandad de Cristo de Gracia, en el que aplicó un estilo neogótico que caracteriza a la Hermandad a día de hoy.

 

 

 

Para la realización del Paso, fue además del diseñador el mismo ejecutor. En él se puede observar un gran conocimiento de la imaginería tanto como un profundo estudio de los simbolismos litúrgicos.

 

Su última obra.

El 11 de agosto de 2012 fallece pero dejó su última obra a una de las Hermandades a las que dio un carácter propio, la Cofradía de Ánimas.

Hizo grandes proyectos como el templete de Nuestra Señora de Las Tristezas o la peana de la misma Titular. Estas obras y otras forman parte de una trayectoria más que admirable.

Fue para esta Corporación, la de Ntras. Sra. de las Tristezas a quien dedicó su último trabajo, tratándose de un dosel tallado que ubica en la actualidad en el motivo central del Paso de Cristo que cobija cada Lunes Santo la reliquia de la Santa Espina de Cristo, como motivo central del canasto.

 

Rafa Murillo

(Corresponsal de La Caja Cofrade)

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