Todas las Navidades empezamos a tirar de la lista de contactos de WhatsApp

y hacemos envíos masivos con una felicitación a un familiar, amigo o considerado amigo, al que no vemos casi nunca o con el que no hablamos nada. Y resulta que esta persona a la que ahora mismo estamos aludiendo, cuando recibe el susodicho mensaje de felicitación, el cual agradece y contesta, en días posteriores intenta contactar con el familiar o amigo para quedar con él o ella, felicitarle en persona, hablar distendidamente, tomar algo… ¡Pero si lo lees y sabes de lo que hablamos, date con un canto en los dientes si te coge el teléfono! Porque una vez pasadas estas fechas, toda esa magia navideña de buenismo y enormes deseos de felicitación, de repente ha desaparecido. Tu familiar desaparece, el amigo está ocupado y nunca puede quedar o simplemente ni te responderá más a los WhatsApp.

Que levante la mano aquella persona a la que no le haya pasado esto. Mejor aún, que la levante toda aquella persona que lo haya sufrido. Y no digamos de quienes dentro del mundo cofrade se dicen una y otra vez, «hermano» y de hermandad poca o ninguna. ¿Postureo? ¿Engaño?

Moraleja de todo esto: El nacimiento de Jesús, el principal motivo de celebración de estas fechas, se deja a un lado, no se invita al principal invitado, A JESÚS, que es AMOR SINCERO, y así nos va. Se da una cara pero la realidad triste es otra. 

Redacción: La Caja Cofrade.

Amistad en Navidad

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Categorías: OPINIÓN COFRADE

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